Permítanme tomar solo un minuto para aclarar lo que se dijo anoche. Una dama sintió por lo que dije anoche que estoy en contra de una nación. Espero sinceramente que no esté en contra de ninguna nación, raza o creencia. Si por casualidad usé una nación, fue solo para ilustrar un punto.
Lo que intenté decirles fue esto — nos convertimos en aquello que contemplamos. Porque es la naturaleza del amor, como es la naturaleza del odio, cambiarnos a la semejanza de aquello que contemplamos. Anoche simplemente leí una noticia para mostrarles que cuando pensamos que podemos destruir nuestra imagen rompiendo el espejo, sólo nos estamos engañando a nosotros mismos.
Cuando, a través de la guerra o la revolución, destruimos títulos que para nosotros representan arrogancia y codicia, nos convertimos con el tiempo en la encarnación de aquello que pensamos que habíamos destruido. Así que hoy la gente que pensó que destruyó a los tiranos son ellos mismos aquello que pensaron que habían destruido.
Para que no se me malinterprete, déjenme establecer de nuevo el fundamento de este principio. La consciencia es la única y sola realidad. Somos incapaces de ver otra cosa que los contenidos de nuestra propia consciencia.
Por lo tanto, el odio nos traiciona en la hora de la victoria y nos condena a ser aquello que condenamos. Toda conquista resulta en un intercambio de características, de modo que los conquistadores se vuelven como el enemigo conquistado. Odiamos a otros por el mal que está en nosotros mismos. Razas, naciones, y grupos religiosos han vivido durante siglos en hostilidad íntima, y es la naturaleza del odio, como es la naturaleza del amor, cambiarnos a la semejanza de aquello que contemplamos.
Las naciones actúan hacia otras naciones como sus propios ciudadanos actúan entre sí. Cuando la esclavitud existe en un estado y esa nación ataca a otra es con intención de esclavizar. Cuando hay una feroz competencia económica entre ciudadano y ciudadano, entonces en guerra con otra nación el objeto de la guerra es destruir el comercio del enemigo. Las guerras de dominación son provocadas por la voluntad de aquellos que dentro de un estado son dominantes sobre las fortunas del resto.
Irradiamos el mundo que nos rodea por la intensidad de nuestra imaginación y sentimiento. Pero en este mundo tridimensional nuestro el tiempo late lentamente. Y así no siempre observamos la relación del mundo visible con nuestra naturaleza interior.
Ahora eso es realmente lo que quise decir. Pensé que lo había dicho. Para que no se me malinterprete, ese es mi principio. Tú y yo podemos contemplar un ideal, y convertirnos en él al enamorarnos de él.
Por otro lado, podemos contemplar algo que nos disgusta sinceramente y al condenarlo nos convertiremos en ello. Pero debido a la lentitud del tiempo en este mundo tridimensional, cuando nos convertimos en lo que contemplamos hemos olvidado que anteriormente nos propusimos adorarlo o destruirlo.
La lección de esta noche es la piedra angular de la Biblia, así que denme su atención. La pregunta más importante hecha en la Biblia se encontrará en el capítulo 16 del Evangelio de San Mateo.
Como saben, todas las historias de la Biblia son sus historias; sus personajes viven sólo en la mente del hombre. No tienen referencia alguna a ninguna persona, que vivió en el tiempo y el espacio, o a ningún evento que jamás ocurrió sobre la tierra.
El drama relatado en Mateo tiene lugar de esta manera: Jesús se vuelve a sus discípulos y les pregunta, “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Mateo 16:13
“Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.”
“Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”
“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”
“Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”
“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia.” Mateo 16:14-18
Jesús volviéndose a sus discípulos es el hombre volviéndose a su mente disciplinada en autocontemplación. Te haces a ti mismo la pregunta, “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” En nuestro lenguaje, “Me pregunto qué piensa la gente de mí?”
Respondes, “Algunos dicen Juan venido de nuevo, Algunos dicen Elías, otros dicen Jeremías, y aún otros un Profeta de antaño venido de nuevo.”
Es muy halagador que te digan que eres, o que te pareces, a los grandes hombres del pasado, pero la razón iluminada no está esclavizada por la opinión pública. Sólo le preocupa la verdad así que se hace a sí misma otra pregunta, “Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?” En otras palabras, “¿Quién soy yo?”
Si soy lo suficientemente osado como para asumir que soy Cristo Jesús, la respuesta volverá, “Tú eres Cristo Jesús.”
Cuando puedo asumirlo y sentirlo y vivirlo osadamente, me diré a mí mismo, “Carne ni sangre no pudieron haberme dicho esto. Sino mi Padre que está en el Cielo me lo reveló.” Entonces hago de este concepto del Ser la roca sobre la cual establezco mi iglesia, mi mundo.
“Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” Juan 8:24
Porque la consciencia es la única realidad debo asumir que ya soy aquello que deseo ser. Si no creo que ya soy lo que quiero ser, entonces permanezco como soy y muero en esta limitación.
El hombre siempre está buscando algún apoyo en el cual recostarse. Siempre está buscando alguna excusa para justificar el fracaso. Esta revelación no le da al hombre excusa alguna para el fracaso. Su concepto de sí mismo es la causa de todas las circunstancias de su vida. Todos los cambios deben venir primero desde dentro de sí mismo; y si no cambia en el exterior es porque no ha cambiado interiormente. Pero al hombre no le gusta sentir que es el único responsable de las condiciones de su vida.
“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.”
“Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?”
“Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” Juan 6:66-68
Puede que no me guste lo que acabo de escuchar, que debo volver a mi propia consciencia como a la única realidad, el único fundamento sobre el cual todos los fenómenos pueden ser explicados. Era más fácil vivir cuando podía culpar a otro. Era mucho más fácil vivir cuando podía culpar a la sociedad por mis males, o señalar con un dedo al otro lado del mar y culpar a otra nación. Era más fácil vivir cuando podía culpar al clima por cómo me siento.
Pero decirme que soy la causa de todo lo que me sucede, que estoy moldeando eternamente mi mundo en armonía con mi naturaleza interior, eso es más de lo que el hombre está dispuesto a aceptar. Si esto es verdad, ¿a quién iría? Si estas son las palabras de vida eterna, debo volver a ellas, aunque parezcan tan difíciles de digerir.
Cuando el hombre entiende esto completamente, sabe que la opinión pública no importa, porque los hombres sólo le dicen quién es. El comportamiento de los hombres constantemente me dice quién me he concebido a mí mismo ser.
Si acepto este desafío y comienzo a vivir por él, finalmente alcanzo el punto que se llama la gran oración de la Biblia. Está relatada en el capítulo 17 del Evangelio de San Juan, “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.” Juan 17:4
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” Juan 17:5
“Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición.” Juan 17:12
Es imposible que algo se pierda. En esta economía divina nada puede perderse, ni siquiera puede pasar. La pequeña flor que ha florecido una vez, florece para siempre. Es invisible para ti aquí con tu enfoque limitado, pero florece para siempre en la dimensión mayor de tu ser, y mañana la encontrarás.
Todo lo que me diste lo he guardado en tu nombre, y ninguno he perdido sino el hijo de perdición. El hijo de perdición significa simplemente la creencia en la pérdida. Hijo es un concepto, una idea. Perdido es pérdida. Sólo he perdido verdaderamente el concepto de pérdida, porque nada puede perderse.
Puedo descender de la esfera donde la cosa misma ahora vive, y mientras desciendo en consciencia a un nivel más bajo dentro de mí misma pasa de mi mundo. Digo, “He perdido mi salud. He perdido mi riqueza. He perdido mi posición en la comunidad. He perdido la fe. He perdido mil cosas.” Pero las cosas en sí mismas, habiendo sido una vez reales en mi mundo, nunca pueden dejar de ser. Nunca se vuelven irreales con el paso del tiempo.
Yo, por mi descenso en consciencia a un nivel más bajo, hago que estas cosas desaparezcan de mi vista y digo, “Se han ido; están terminadas en lo que respecta a mi mundo.” Todo lo que necesito hacer es ascender al nivel donde son eternas, y una vez más se objetivizan y aparecen como realidades dentro de mi mundo.
El meollo de todo el capítulo 17 del Evangelio de San Juan se encuentra en el versículo 19, “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.”
Hasta ahora pensé que podía cambiar a otros a través del esfuerzo. Ahora sé que no puedo cambiar a otro a menos que primero me cambie a mí mismo. Para cambiar a otro dentro de mi mundo primero debo cambiar mi concepto de ese otro; y para hacerlo mejor cambio mi concepto del ser. Porque fue el concepto que tenía del ser lo que me hizo ver a otros como lo hice.
Si hubiera tenido un concepto noble y digno de mí mismo, nunca podría haber visto lo poco atractivo en otros.
En lugar de tratar de cambiar a otros a través de la argumentación y la fuerza, déjame simplemente ascender en consciencia a un nivel más alto y automáticamente cambiaré a otros al cambiarme a mí mismo. “No hay nadie a quien cambiar sino al ser; ese ser es simplemente tu consciencia, tu consciencia y el mundo en el cual vive está determinado por el concepto que tienes del ser. Es a la consciencia a la que debemos volver como a la única realidad. Porque no hay concepción clara del origen de los fenómenos excepto que la consciencia es todo y todo es consciencia.
No necesitas ayudante para traerte lo que buscas. No creas ni por un segundo que estoy abogando por escapar de la realidad cuando te pido que simplemente asumas que ahora eres el hombre o la dama que quieres ser.
Si tú y yo pudiéramos sentir cómo sería si ahora fuéramos aquello que queremos ser, y vivir en esta atmósfera mental como si fuera real, entonces, de una manera que no conocemos, nuestra asunción se endurecería en hecho. Esto es todo lo que necesitamos hacer para ascender al nivel donde nuestra asunción ya es una realidad objetiva y concreta.
No necesito cambiar a nadie, me santifico a mí mismo y al hacerlo santifico a otros. Para el puro todas las cosas son puras. “Nada hay inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es.” Romanos 14:14. No hay nada en sí mismo inmundo, sino que tú, por tu concepto del ser, ves las cosas limpias o inmundas.
“Yo y el Padre uno somos.” Juan 10:30
“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.”
“Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en él.” Juan 10:37, 38
Se hizo uno con Dios y no pensó que fuera extraño o robo hacer las obras de Dios. Siempre das fruto en armonía con lo que eres. Es lo más natural del mundo que un peral dé peras, un manzano dé manzanas, y que el hombre moldee las circunstancias de su vida en armonía con su naturaleza interior.
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos.” Juan 15:5. Un pámpano no tiene vida sino que esté arraigado en la vid. Todo lo que necesito hacer para cambiar el fruto es cambiar la vid.
No tienes vida en mi mundo sino que yo sea consciente de ti. Estás arraigado en mí y, como fruto, das testimonio de la vid que soy. No hay otra realidad en el mundo que tu consciencia. Aunque ahora puedas parecer ser lo que no quieres ser, todo lo que necesitas hacer para cambiarlo, y probar el cambio por las circunstancias en tu mundo, es asumir silenciosamente que eres aquello que ahora quieres ser, y de una manera que no conoces te convertirás en ello.
No hay otra manera de cambiar este mundo. “Yo soy el camino.” Mi YO SOY, mi consciencia es el camino por el cual cambio mi mundo. A medida que cambio mi concepto del ser, cambio mi mundo. Cuando los hombres y mujeres nos ayudan u obstaculizan, sólo están jugando el papel que nosotros, por nuestro concepto del ser, escribimos para ellos, y lo juegan automáticamente. Deben jugar los papeles que están jugando porque somos lo que somos.
Cambiarás el mundo sólo cuando te conviertas en la encarnación de aquello que quieres que el mundo sea. Sólo tienes un regalo en este mundo que es verdaderamente tuyo para dar y ese eres tú mismo. A menos que tú mismo seas aquello que quieres que el mundo sea, nunca lo verás en este mundo. “Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” Juan 8:24
¿Sabes que ninguno de los dos en esta sala vive en el mismo mundo? Vamos a casa a mundos diferentes esta noche. Cerramos nuestras puertas en mundos completamente diferentes. Nos levantamos mañana y vamos a trabajar, donde nos encontramos unos con otros y conocemos a otros, pero vivimos en mundos mentales diferentes, mundos físicos diferentes.
Sólo puedo dar lo que soy, no tengo otro regalo para dar. Si quiero que el mundo sea perfecto, y quién no, he fallado sólo porque no sabía que nunca podría verlo perfecto hasta que yo mismo me vuelva perfecto. Si no soy perfecto no puedo ver perfección, pero el día en que me convierta en ella, embellezco mi mundo porque lo veo a través de mis propios ojos. “Todas las cosas son puras para los puros.” Tito 1:15
Ninguno de los dos aquí puede decirme que han escuchado el mismo mensaje una sola noche. Lo único que debes hacer es escuchar lo que digo a través de lo que eres. Debe ser filtrado a través de tus prejuicios, tus supersticiones, y tu concepto del ser. Cualquier cosa que seas, debe pasar a través de eso, y ser coloreado por lo que eres.
Si estás perturbado y quisieras que yo fuera algo diferente de lo que parezco ser, entonces debes ser aquello que quieres que yo sea. Debemos convertirnos en la cosa que queremos que otros sean o nunca los veremos serlo.
Tu consciencia, mi consciencia, es el único fundamento verdadero en el mundo. Esto es lo que se llama Pedro en la Biblia, no un hombre, esta fidelidad que no puede volverse a nadie, que no puede ser halagada cuando los hombres te dicen que eres Juan venido de nuevo. Eso es muy halagador que te digan que eres Juan el Bautista venido de nuevo, o el gran Profeta Elías, o Jeremías.
Entonces ensordezco mis oídos a este pequeño pedacito de noticias muy halagador que los hombres me darían y me pregunto, “Pero honestamente ¿quién soy yo?”
Si puedo negar las limitaciones de mi nacimiento, mi ambiente, y la creencia de que soy sólo una extensión de mi árbol genealógico, y sentir dentro de mí mismo que soy Cristo, y sostener esta asunción hasta que tome un lugar central y forme el centro habitual de mi energía, haré las obras atribuidas a Jesús. Sin pensamiento ni esfuerzo moldearé un mundo en armonía con esa perfección que he asumido y siento brotando dentro de mí.
Cuando abro los ojos de los ciegos, destape los oídos de los sordos, doy alegría por luto y belleza por cenizas, entonces y sólo entonces, habré establecido verdaderamente esta vid profundamente dentro. Eso es lo que automáticamente haría si fuera verdaderamente consciente de ser Cristo. Se dice de esta presencia, Probó que era Cristo por Sus obras.
Nuestras alteraciones ordinarias de consciencia, al pasar de un estado a otro, no son transformaciones, porque cada una de ellas es tan rápidamente sucedida por otra en dirección inversa; pero cuando nuestra asunción crece tan estable como para expulsar definitivamente a sus rivales, entonces ese concepto central habitual define nuestro carácter y es una verdadera transformación.
Jesús, o razón iluminada, no vio nada inmundo en la mujer tomada en adulterio. Le dijo, “¿Ninguno te condenó?” Juan 8:10
“Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Juan 8:11
No importa lo que se traiga ante la presencia de la belleza, sólo ve belleza. Jesús estaba tan completamente identificado con lo encantador que era incapaz de ver lo poco encantador.
Cuando tú y yo realmente nos volvamos conscientes de ser Cristo, también enderezaremos los brazos de los secos, y resucitaremos las esperanzas muertas de los hombres. Haremos todas las cosas que no podíamos hacer cuando nos sentíamos limitados por nuestro árbol genealógico. Es un paso osado y no debe tomarse a la ligera, porque hacerlo es morir. Juan, el hombre de tres dimensiones es decapitado, o pierde su enfoque tridimensional para que Jesús, el Ser de cuarta dimensión pueda vivir.
Cualquier ampliación de nuestro concepto del Ser involucra una separación algo dolorosa con concepciones hereditarias fuertemente arraigadas. Los ligamentos son fuertes que nos sostienen en el vientre de las limitaciones convencionales. Todo lo que anteriormente creías, ya no lo crees. Sabes ahora que no hay poder fuera de tu propia consciencia. Por lo tanto no puedes volverte a nadie fuera del ser.
No tienes oídos para la sugerencia de que algo más tiene poder en ello. Sabes que la única realidad es Dios, y Dios es tu propia consciencia. No hay otro Dios. Por lo tanto sobre esta roca edificas la iglesia eterna y asumes osadamente que eres este Ser Divino, auto-engendrado porque te atreviste a apropiarte de aquello que no te fue dado en tu cuna, un concepto del Ser no formado en el vientre de tu madre, un concepto del ser concebido fuera de las oficinas del hombre.
La historia está bellamente contada en la Biblia usando los dos hijos de Abraham: uno el bendito, Isaac, nacido fuera de las oficinas del hombre y el otro, Ismael, nacido en servidumbre.
Sara era demasiado vieja para engendrar un hijo, así que su esposo Abraham fue hacia la sierva Agar, la peregrina, y ella concibió del anciano y le dio un hijo llamado Ismael. La mano de Ismael estaba contra todo hombre y la mano de todo hombre contra él.
Todo niño nacido de mujer nace en servidumbre, nacido en todo lo que su ambiente representa, sin importar si sea el trono de Inglaterra, la Casa Blanca, o cualquier gran lugar en el mundo. Todo niño nacido de mujer está personificado como este Ismael, el hijo de Agar.
Pero dormido en cada niño está el bendito Isaac, que nace fuera de las oficinas del hombre, y nace sólo a través de la fe. Este segundo hijo no tiene padre terrenal. Es Auto-engendrado.
¿Cuál es el segundo nacimiento? Me encuentro hombre, no puedo volver al vientre de mi madre, y sin embargo debo nacer una segunda vez. “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Juan 3:3
Silenciosamente me apropio de aquello que ningún hombre puede darme, ninguna mujer puede darme. Me atrevo a asumir que soy Dios. Esto debe ser de fe, esto debe ser de promesa. Entonces me convierto en el bendito, me convierto en Isaac.
A medida que comienzo a hacer las cosas que sólo esta presencia podría hacer, sé que he nacido fuera de las limitaciones de Ismael, y me he convertido en heredero del reino. Ismael no podía heredar nada, aunque su padre era Abraham, o Dios. Ismael no tenía ambos padres de lo divino; su madre era Agar la sierva, y así no podía participar de la herencia de su padre.
Tú eres Abraham y Sara, y contenido dentro de tu propia consciencia hay uno esperando reconocimiento. En el Antiguo Testamento se llama Isaac, y en el Nuevo Testamento se llama Jesús, y nace sin la ayuda del hombre.
Ningún hombre puede decirte que eres Cristo Jesús, ningún hombre puede decírtelo y convencerte de que eres Dios. Debes jugar con la idea y preguntarte cómo sería ser Dios.
No hay concepción clara del origen de los fenómenos excepto que la consciencia es todo y todo es consciencia. Nada puede ser evolucionado del hombre que no estuviera potencialmente involucrado en su naturaleza. El ideal que servimos y esperamos alcanzar nunca podría ser evolucionado de nosotros si no estuviera potencialmente involucrado en nuestra naturaleza.
Déjame ahora recontar y enfatizar una experiencia mía impresa por mí hace dos años bajo el título, LA BÚSQUEDA. Creo que te ayudará a entender esta ley de la consciencia, y mostrarte que no tienes a nadie a quien cambiar sino al ser, porque eres incapaz de ver otra cosa que el contenido de tu propia consciencia.
Una vez en un intervalo ocioso en el mar, medité sobre “el estado perfecto,” y me pregunté qué sería si fuera de ojos demasiado puros para contemplar la iniquidad, si para mí todas las cosas fueran puras y yo estuviera sin condenación. Mientras me perdía en esta ardiente meditación, me encontré elevado por encima del oscuro ambiente de los sentidos. Tan intenso era el sentimiento que me sentí un ser de fuego morando en un cuerpo de aire. Voces, como de un coro celestial, con la exaltación de aquellos que habían sido conquistadores en un conflicto con la muerte, estaban cantando, “Ha resucitado - Ha resucitado,” e intuitivamente supe que se referían a mí.
Entonces parecía estar caminando en la noche. Pronto encontré una escena que podría haber sido la antigua Piscina de Betesda porque en este lugar yacía una gran multitud de gente impotente — ciegos, cojos, secos — esperando no por el movimiento del agua como de la tradición, sino esperando por mí.
Cuando me acerqué, sin pensamiento ni esfuerzo de mi parte, fueron uno tras otro, moldeados como por el Mago de lo Bello. Ojos, manos, pies — todos los miembros faltantes — fueron sacados de algún reservorio invisible y moldeados en armonía con esa perfección que sentí brotando dentro de mí. Cuando todos fueron hechos perfectos el coro exultó, “Consumado es.”
Sé que esta visión fue el resultado de mi intensa meditación sobre la idea de perfección, porque mis meditaciones invariablemente traen unión con el estado contemplado. Había estado tan completamente absorto dentro de la idea que por un tiempo me había convertido en lo que contemplaba, y el alto propósito con el cual me había identificado por ese momento atrajo la compañía de cosas altas y moldeó la visión en armonía con mi naturaleza interior.
El ideal con el cual estamos unidos trabaja por asociación de ideas para despertar mil estados de ánimo para crear un drama acorde con la idea central.
Mis experiencias místicas me han convencido de que no hay manera de traer la perfección que buscamos que no sea por la transformación de nosotros mismos. Tan pronto como logramos transformarnos, el mundo se derretirá mágicamente ante nuestros ojos y se remodelará a sí mismo en armonía con lo que nuestra transformación afirma.
Moldeamos el mundo que nos rodea por la intensidad de nuestra imaginación y sentimiento, e iluminamos u oscurecemos nuestras vidas por los conceptos que tenemos de nosotros mismos. Nada es más importante para nosotros que nuestra concepción de nosotros mismos, y especialmente es verdad de nuestro concepto del profundo, dimensionalmente mayor Uno dentro de nosotros.
Aquellos que nos ayudan u obstaculizan, sepan o no, son los servidores de esa ley que moldea las circunstancias externas en armonía con nuestra naturaleza interior. Es nuestra concepción de nosotros mismos lo que nos libera o nos restringe, aunque pueda usar agencias materiales para lograr su propósito.
Porque la vida moldea el mundo exterior para reflejar el arreglo interior de nuestras mentes, no hay manera de traer la perfección exterior que buscamos que no sea por la transformación de nosotros mismos. Ninguna ayuda viene de fuera: las colinas a las que levantamos nuestros ojos son las de una cordillera interior.
Es así a nuestra propia consciencia a la que debemos volver como a la única realidad, el único fundamento sobre el cual todos los fenómenos pueden ser explicados. Podemos confiar absolutamente en la justicia de esta ley para darnos sólo aquello que es de la naturaleza de nosotros mismos.
Intentar cambiar el mundo antes de cambiar nuestro concepto de nosotros mismos es luchar contra la naturaleza de las cosas. No puede haber cambio exterior hasta que haya primero un cambio interior.
Como dentro, así fuera.
No estoy abogando por la indiferencia filosófica cuando sugiero que deberíamos imaginarnos a nosotros mismos como ya aquello que queremos ser, viviendo en una atmósfera mental de grandeza, en lugar de usar medios físicos y argumentos para traer los cambios deseados.
Todo lo que hacemos, sin estar acompañado por un cambio de consciencia, es sólo un reajuste fútil de superficies. Por mucho que trabajemos o luchemos, no podemos recibir más de lo que nuestros conceptos del Ser afirman. Protestar contra cualquier cosa que nos sucede es protestar contra la ley de nuestro ser y nuestro gobierno sobre nuestro propio destino.
Las circunstancias de mi vida están demasiado estrechamente relacionadas con mi concepción de mí mismo como para no haber sido formadas por mi propio espíritu desde algún almacén dimensionalmente más grande de mi ser. Si hay dolor para mí en estos sucesos, debo mirar dentro de mí mismo por la causa, porque soy movido aquí y allá y hecho vivir en un mundo en armonía con mi concepto de mí mismo.
Si nos volviéramos tan emocionalmente excitados sobre nuestras ideas como nos volvemos sobre nuestras aversiones, ascenderíamos al plano de nuestro ideal tan fácilmente como ahora descendemos al nivel de nuestros odios.
El amor y el odio tienen un poder transformador mágico, y crecemos a través de su ejercicio en la semejanza de lo que contemplamos. Por intensidad del odio creamos en nosotros mismos el carácter que imaginamos en nuestros enemigos. Las cualidades mueren por falta de atención, así que los estados poco encantadores mejor se borrarían imaginando “belleza por cenizas y gozo por luto” en lugar de por ataques directos al estado del cual querríamos estar libres.
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad,” porque nos convertimos en aquello con lo que estamos en sintonía.
No hay nada que cambiar sino nuestro concepto del ser. Tan pronto como logramos transformar al ser, nuestro mundo se disolverá y se remodelará a sí mismo en armonía con lo que nuestro cambio afirma.
Yo, por descenso en consciencia, he traído la imperfección que veo. En la economía divina nada se pierde. No podemos perder nada sino por descenso en consciencia desde la esfera donde la cosa tiene su vida natural.
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” Juan 17:5
A medida que asciendo en consciencia el poder y la gloria que era mía vuelve a mí y yo también diré “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.” La obra es volver de mi descenso en consciencia, del nivel en el cual creí que era un hijo del hombre, a la esfera donde sé que soy uno con mi Padre y mi Padre es Dios.
Sé más allá de toda duda que no hay nada que el hombre deba hacer sino cambiar su propio concepto de sí mismo para asumir grandeza y sostener esta asunción. Si caminamos como si ya fuéramos el ideal que servimos, nos elevaremos al nivel de nuestra asunción, y encontraremos un mundo en armonía con nuestra asunción. No tendremos que levantar un dedo para hacerlo así, porque ya es así. Siempre fue así.
Tú y yo hemos descendido en consciencia al nivel donde ahora nos encontramos y vemos imperfección porque hemos descendido! Cuando comenzamos a ascender mientras aquí en este mundo tridimensional, encontramos que nos movemos en un ambiente completamente diferente, tenemos círculos completamente diferentes de amigos, y un mundo completamente diferente mientras aún vivimos aquí. Conocemos el gran misterio de la declaración, “Estoy en el mundo pero no soy del mundo.”
En lugar de cambiar cosas sugeriría a todos identificarse con el ideal que contemplan. ¿Cuál sería el sentimiento si fueras de ojos demasiado puros para contemplar la iniquidad si para ti todas las cosas fueran puras y estuvieras sin condenación? Contempla el estado ideal e identifícate con él y ascenderás a la esfera donde tú como Cristo tienes tu vida natural.
Todavía estás en ese estado donde estabas antes de que el mundo fuera. Lo único que ha caído es tu concepto del ser. Ves las partes rotas que realmente no están rotas. Las estás viendo a través de ojos distorsionados, como si estuvieras en una de esas peculiares galerías de diversión donde un hombre camina ante un espejo y está alargado, sin embargo es el mismo hombre. O mira en otro espejo y es todo grande y gordo. Estas cosas se ven hoy porque el hombre es lo que es.
Juega con la idea de perfección. No pidas a nadie que te ayude, sino que la oración del capítulo 17 del Evangelio de San Juan sea tu oración. Aprópiate del estado que era tuyo antes de que el mundo fuera.
Conoce la verdad de la declaración, “Ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición.” Nada se pierde en todo mi monte santo. Lo único que pierdes es la creencia en la pérdida o el hijo de perdición.
“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” Juan 17:19
No hay nadie a quien cambiar sino al ser. Todo lo que necesitas hacer para hacer a hombres y mujeres santos en este mundo es hacerte santo a ti mismo. Eres incapaz de ver algo que sea poco encantador cuando estableces dentro del ojo de tu propia mente el hecho de que eres encantador.
Es mucho mejor saber esto que saber cualquier otra cosa en el mundo. Requiere coraje, coraje sin límites, porque muchos esta noche, después de haber escuchado esta verdad todavía estarán inclinados a culpar a otros por su predicamento. El hombre encuentra tan difícil volverse a sí mismo, a su propia consciencia como a la única realidad. Escucha estas palabras:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere.” Juan 6:44
“Yo y el Padre uno somos.” Juan 10:30
“No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.” Juan 3:27
“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”
“Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo.” Juan 10:17,18
“Vosotros no me elegisteis a mí, mas yo os elegí a vosotros.” Mi concepto de mí mismo moldea un mundo en armonía consigo mismo y atrae a los hombres a decirme constantemente por su comportamiento quién soy.
La cosa más importante en este mundo para ti es tu concepto del ser. Cuando no te gusta tu ambiente, las circunstancias de la vida y el comportamiento de los hombres, pregúntate, “¿Quién soy yo?” Es tu respuesta a esta pregunta la que es la causa de tus aversiones.
Si no condenas al ser no habrá hombre en tu mundo que te condene. Si estás viviendo en la consciencia de tu ideal no verás nada que condenar. “Todas las cosas son puras para los puros.”
Ahora me gustaría pasar un poco de tiempo haciendo tan claro como pueda lo que personalmente hago cuando oro, lo que hago cuando quiero traer cambios en mi mundo. Lo encontrarás interesante, y encontrarás que funciona. Nadie aquí puede decirme que no puede hacerlo. Es tan simple que todos pueden hacerlo. Somos lo que imaginamos que somos.
Esta técnica no es difícil de seguir, pero debes querer hacerla. No puedes acercarte a ella con la actitud mental “Oh bueno lo intentaré.” Debes querer hacerlo, porque el resorte principal de la acción es el deseo.
El deseo es el resorte principal de toda acción. Ahora ¿qué quiero? Debo definir mi objetivo. Por ejemplo, supongamos que ahora quisiera estar en otro lugar. En este mismo momento realmente deseo estar en otro lugar. No necesito atravesar la puerta, no necesito sentarme. No necesito hacer nada sino pararme justo donde estoy y con mis ojos cerrados, asumir que realmente estoy parado donde deseo estar. Entonces permanezco en este estado hasta que tenga el sentimiento de realidad. Si ahora estuviera en otro lugar no podría ver el mundo como ahora lo veo desde aquí. El mundo cambia en su relación conmigo a medida que cambio mi posición en el espacio.
Así que me paro justo aquí, cierro mis ojos, e imagino que estoy viendo lo que vería si estuviera allí. Permanezco en ello lo suficiente como para sentir que es real. No puedo tocar las paredes de esta habitación desde aquí, pero cuando cierras tus ojos y te vuelves quieto puedes imaginar y sentir que la tocas. Puedes pararte donde estás e imaginar que estás poniendo tu mano en esa pared. Para probar que realmente estás, ponla ahí y deslízala hacia arriba y siente la madera. Puedes imaginar que lo estás haciendo sin levantarte de tu asiento. Puedes hacerlo y realmente lo sentirás si te vuelves lo suficientemente quieto e intenso.
Me paro donde estoy y permito que el mundo que quiero ver y entrar físicamente venga ante mí como si estuviera allí ahora. En otras palabras, traigo otro lugar aquí al asumir que estoy allí.
¿Está claro? Lo dejo venir, no hago que venga. Simplemente imagino que estoy allí y luego dejo que suceda.
Si quiero una presencia física, imagino que está parado aquí, y lo toco. A través de toda la Biblia encuentro estas sugerencias, “Puso sus manos sobre ellos. Los tocó.”
Si quieres consolar a alguien, ¿cuál es el sentimiento automático? Poner tu mano sobre ellos, no puedes resistirlo. Conoces a un amigo y la mano sale automáticamente, o estrechas manos o pones tu mano sobre su hombro.
Supón que ahora fueras a encontrarte con un amigo que no has visto por un año y es un amigo del que eres muy aficionado. ¿Qué harías? Lo abrazarías, ¿no? O pondrías tu mano sobre él.
En tu imaginación acércalo lo suficiente como para poner tu mano sobre él y sentirlo ser sólidamente real. Restringe la acción a solo eso. Te asombrarás de lo que sucede. Desde entonces las cosas comienzan a moverse. Tu ser dimensionalmente mayor inspirará, en todos, las ideas y acciones necesarias para traerte a contacto físico. Funciona de esa manera.
Cada día me pongo en el estado somnoliento; es algo muy fácil de hacer. Pero el hábito es una cosa extraña en el mundo del hombre. No es ley, pero el hábito actúa como si fuera la ley más imperiosa del mundo. Somos criaturas de hábito.
Si creas un intervalo cada día en el cual te pones en el estado somnoliento, digamos a las 3 de la tarde ¿sabes que en ese momento cada día te sentirás somnoliento? Inténtalo por una semana y ve si no tengo razón.
Te sientas con el propósito de crear un estado similar al sueño, como si estuvieras somnoliento, pero no empujes la somnolencia demasiado lejos, solo lo suficiente para relajarte y dejarte en control de la dirección de tus pensamientos. Inténtalo por una semana, y cada día a esa hora, sin importar lo que estés haciendo, apenas podrás mantener tus ojos abiertos. Si sabes la hora cuando estarás libre puedes crearlo. No sugeriría que lo hagas a la ligera, porque te sentirás muy, muy somnoliento y puede que no quieras.
Tengo otra manera de orar. En este caso siempre me siento y encuentro la silla más cómoda imaginable, o me acuesto boca arriba y me relajo completamente. Ponte cómodo. No debes estar en ninguna posición donde el cuerpo esté angustiado. Siempre ponte en una posición donde tengas la mayor comodidad. Esa es la primera etapa.
Saber lo que quieres es el comienzo de la oración. En segundo lugar construyes en el ojo de tu mente un solo pequeño evento que implique que has realizado tu deseo. Siempre dejo que mi mente vagabundee en muchas cosas que podrían seguir a la oración respondida y selecciono una que es más probable que siga el cumplimiento de mi deseo. Una cosa simple como el estrechar de una mano, abrazar a una persona, el recibir una carta, el escribir un cheque, o lo que sea que implicaría el cumplimiento de tu deseo.
Después de que hayas decidido en la acción que implica que tu deseo ha sido realizado, entonces siéntate en tu bonita silla cómoda o acuéstate boca arriba, cierra tus ojos por la simple razón de que ayuda a inducir este estado que bordea el sueño.
En el momento en que sientas este encantador estado somnoliento, o el sentimiento de unión reunida, en el cual sientes - Podría moverme si quisiera, pero no quiero, podría abrir mis ojos si quisiera, pero no quiero. Cuando obtienes ese sentimiento puedes estar bastante seguro de que estás en el estado perfecto para orar exitosamente.
En este sentimiento es fácil tocar cualquier cosa en este mundo. Tomas la acción simple pequeña restringida que implica el cumplimiento de tu oración y la sientes o la representas. Sea lo que sea, entras en la acción como si fueras un actor en el papel. No te sientas atrás y te visualices haciéndolo. Lo haces.
Con el cuerpo inmovilizado imaginas que el tú mayor dentro del cuerpo físico está saliendo de él y que realmente estás realizando la acción propuesta. Si vas a caminar, imaginas que estás caminando. No te veas caminar, SIENTE que estás caminando.
Si vas a subir escaleras, SIENTE que estás subiendo las escaleras. No te visualices haciéndolo, siéntete haciéndolo. Si vas a estrechar la mano de un hombre, no te visualices estrechando su mano, imagina que tu amigo está parado ante ti y estrecha su mano. Pero deja tus manos físicas inmovilizadas e imagina que tu mano mayor, que es tu mano imaginaria, está realmente estrechando su mano.
Todo lo que necesitas hacer es imaginar que lo estás haciendo. Estás extendido en el tiempo, y lo que estás haciendo, que parece ser un sueño despierto controlado, es un acto real en la dimensión mayor de tu ser. Estás realmente encontrando un evento cuarta-dimensionalmente antes de encontrarlo aquí en las tres dimensiones del espacio, y no tienes que levantar un dedo para traer ese estado a suceder.
Mi tercera manera de orar es simplemente sentir agradecimiento. Si quiero algo, ya sea para mí o para otro, inmovilizo el cuerpo físico, luego produzco el estado similar al sueño y en ese estado simplemente me siento feliz, me siento agradecido, cuyo agradecimiento implica realización de lo que quiero. Asumo el sentimiento del deseo cumplido y con mi mente dominada por esta sola sensación me voy a dormir. No necesito hacer nada para hacerlo así, porque es así. Mi sentimiento del deseo cumplido implica que está hecho.
Todas estas técnicas puedes usarlas y cambiarlas para que se ajusten a tu temperamento. Pero debo enfatizar la necesidad de inducir el estado somnoliento donde puedes volverte atento sin esfuerzo.
Una sola sensación domina la mente, si oras exitosamente.
¿Cómo me sentiría, ahora, si fuera lo que quiero ser? Cuando sé cuál sería el sentimiento entonces cierro mis ojos y me pierdo en esa sola sensación y mi Ser dimensionalmente mayor entonces construye un puente de incidentes para llevarme desde este momento presente al cumplimiento de mi estado de ánimo. Eso es todo lo que necesitas hacer. Pero la gente tiene el hábito de menospreciar la importancia de las cosas simples.
Somos criaturas de hábito y estamos aprendiendo lentamente a renunciar a nuestros conceptos previos, pero las cosas por las que vivíamos anteriormente todavía de alguna manera influyen en nuestro comportamiento. Aquí hay una historia de la Biblia que ilustra mi punto.
Está registrado que Jesús dijo a sus discípulos que fueran a la encrucijada y allí encontrarían un pollino, un pollino joven no montado aún por un hombre. Que trajeran el pollino a él y si algún hombre pregunta, “¿Por qué tomas este pollino?” di, “El Señor lo necesita.”
Fueron a la encrucijada y encontraron el pollino e hicieron exactamente como se les dijo. Trajeron el asno sin brida a Jesús y Él lo montó triunfalmente en Jerusalén.
La historia no tiene nada que ver con un hombre montando un pequeño pollino. Tú eres el Jesús de la historia. El pollino es el estado de ánimo que vas a asumir. Ese es el animal vivo no montado aún por ti. ¿Cuál sería el sentimiento si realizaras tu deseo? Un nuevo sentimiento, como un pollino joven, es algo muy difícil de montar a menos que lo montes con una mente disciplinada. Si no permanezco fiel al estado de ánimo el pollino joven me tira. Cada vez que te vuelves consciente de que no eres fiel a este estado de ánimo, has sido tirado del pollino.
Disciplina tu mente para que puedas permanecer fiel a un estado de ánimo alto y móntalo triunfalmente en Jerusalén, que es el cumplimiento, o la ciudad de la paz.
Esta historia precede a la fiesta de la Pascua. Si pasaríamos de nuestro estado presente al de nuestro ideal, debemos asumir que ya somos lo que deseamos ser y permanecer fieles a nuestra asunción, porque debemos mantener un estado de ánimo alto si caminaríamos con lo más alto.
Una actitud fija de la mente, un sentimiento de que está hecho lo hará así. Si camino como si lo fuera, pero de vez en cuando miro para ver si realmente es, entonces me caigo de mi estado de ánimo o pollino.
Si suspendiera el juicio como Pedro podría caminar sobre el agua. Pedro comienza a caminar sobre el agua, y luego comienza a mirar hacia su propio entendimiento y comienza a hundirse. La voz dijo, “Mira arriba, Pedro.” Pedro mira arriba y se levanta de nuevo y continúa caminando sobre el agua.
En lugar de mirar hacia abajo para ver si esta cosa realmente se va a endurecer en hecho, simplemente sabes que ya es así, sostén ese estado de ánimo y montarás el pollino sin brida dentro de la ciudad de Jerusalén. Todos nosotros debemos aprender a montar el animal directamente a Jerusalén sin la asistencia de un hombre. No necesitas a otro para ayudarte.
Lo extraño es que a medida que mantenemos el estado de ánimo alto y no caemos, otros amortiguan los golpes. Extienden las hojas de palma ante mí para amortiguar mi viaje. No tengo que estar preocupado. Los choques serán suavizados a medida que me muevo hacia el cumplimiento de mi deseo. Mi estado de ánimo alto despierta en otros las ideas y acciones que tienden hacia la encarnación de mi estado de ánimo. Si caminas fiel a un estado de ánimo alto no habrá oposición y no habrá competencia.
La prueba de un maestro, o una enseñanza, se encuentra en la fidelidad de los enseñados. Me voy de aquí el domingo por la noche. Permanezcan fieles a esta instrucción. Si buscan causas fuera de la consciencia del hombre, entonces no los he convencido de la realidad de la consciencia.
Si buscas excusas para el fracaso siempre las encontrarás, porque encuentras lo que buscas. Si buscas una excusa para el fracaso, la encontrarás en las estrellas, en los números, en la taza de té, o en casi cualquier lugar. La excusa no estará allí pero la encontrarás para justificar tu fracaso.
Hombres y mujeres de negocios y profesionales exitosos saben que esta ley funciona. No la encontrarás en grupos de chismes, pero la encontrarás en corazones valientes.
El viaje eterno del hombre es por un propósito: revelar al Padre. Viene a hacer visible a su Padre. Y su Padre se hace visible en todas las cosas encantadoras de este mundo. Todas las cosas que son encantadoras, que son de buen nombre, monta estas cosas, y no tengas tiempo para lo poco encantador en este mundo, sin importar lo que sea.
Permanece fiel al conocimiento de que tu consciencia, tu YO SOY, tu consciencia de ser consciente de la única realidad. Es la roca sobre la cual todos los fenómenos pueden ser explicados. No hay explicación fuera de eso. No conozco concepción clara del origen de los fenómenos sino que la consciencia es todo y todo es consciencia.
Aquello que buscas ya está alojado dentro de ti. Si no estuviera ahora dentro de ti la eternidad no podría evolucionarlo. Ningún período de tiempo sería lo suficientemente largo como para evolucionar lo que no está potencialmente involucrado en ti.
Simplemente lo dejas entrar en el ser al asumir que ya es visible en tu mundo, y permaneciendo fiel a tu asunción, se endurecerá en hecho. Tu Padre tiene innumerables maneras de revelar tu asunción. Fija esto en tu mente y siempre recuerda, “Una asunción, aunque falsa, si se sostiene se endurecerá en hecho.”
Tú y tu Padre son uno y tu Padre es todo lo que fue, es y será. Por lo tanto aquello que buscas ya eres, nunca puede estar tan lejos como para estar incluso cerca, porque cercanía implica separación.
El gran Pascal dijo, “Nunca me habrías buscado si no me hubieras encontrado ya.” Lo que ahora deseas ya lo tienes y lo buscas solo porque ya lo has encontrado. Lo encontraste en la forma de deseo. Es tan real en la forma de deseo como va a ser para tus órganos corporales.
Ya eres aquello que buscas y no tienes a nadie a quien cambiar sino al Ser para expresarlo.
Neville Goddard, 1948