Tu destino es aquello que inevitablemente debes experimentar. En realidad, es un número infinito de destinos individuales, cada uno de los cuales, al ser alcanzado, se convierte en el punto de partida de un nuevo destino. Dado que la vida es infinita, el concepto de un destino último es inconcebible.

Cuando comprendemos que la conciencia es la única realidad, sabemos que es el único creador. Esto significa que tu conciencia es la creadora de tu destino. El hecho es que estás creando tu destino en cada momento, lo sepas o no. Mucho de lo que es bueno e incluso maravilloso ha entrado en tu vida sin que hayas tenido la menor idea de que eras tú el creador. Sin embargo, la comprensión de las causas de tu experiencia, y el conocimiento de que eres el único creador del contenido de tu vida — tanto lo bueno como lo malo —, no solo te convierte en un observador mucho más agudo de todos los fenómenos, sino que, a través de la conciencia del poder de tu propia conciencia, intensifica tu apreciación de la riqueza y la grandeza de la vida.

Independientemente de las experiencias ocasionales que puedan contradecirlo, tu destino es elevarte a estados de conciencia cada vez más altos y traer a la manifestación más y más de las maravillas infinitas de la creación. En realidad, estás destinado a alcanzar el punto en que te das cuenta de que, a través de tu propio deseo, puedes crear conscientemente tus destinos sucesivos.

Ahora bien, la mayoría de los hombres no saben esto. Viven como si el destino fuera algo que les ocurre desde afuera, como si una fuerza externa — el azar, el karma, la suerte, la herencia — determinara lo que les pasa. Se sienten víctimas de sus circunstancias en lugar de creadores de ellas.

Pero te digo: no hay víctimas. Solo hay creadores que aún no han despertado a su poder creativo.

¿Cómo creas tu destino?

A través de lo que eres consciente de ser.

Cada estado de conciencia tiene un destino que le es propio. El hombre que es conscientemente pobre atrae la pobreza no por castigo, sino por ley. El hombre que es conscientemente próspero atrae la prosperidad no por suerte, sino por ley. Es la misma ley para ambos, porque la ley no discrimina. La ley simplemente exterioriza el estado de conciencia que el hombre ocupa.

Esto nos lleva a la pregunta más importante que puedes hacerte: ¿qué estado de conciencia estoy ocupando ahora mismo?

No lo que deseas ocupar. No lo que pretendes ocupar. Lo que realmente estás ocupando ahora.

Porque lo que realmente estás ocupando ahora es lo que se manifestará en tu futuro.

Observa tu conversación interna. Observa cómo te sientes cuando alguien menciona el éxito, el dinero, el amor, la salud. ¿Sientes que esas cosas son naturalmente tuyas? ¿O sientes que son para otros, que tú no puedes, que es demasiado difícil, que no lo mereces?

Esas reacciones automáticas te muestran el estado que realmente ocupas, no el que deseas ocupar.

Y ese estado que realmente ocupas es el que crea tu destino.

Ahora bien, ¿puede cambiar el destino? Absolutamente. Porque el destino no es fijo; es el resultado de un estado de conciencia, y los estados de conciencia pueden cambiarse.

¿Cómo se cambia un estado de conciencia?

Asumiéndolo. No esperando tenerlo. Asumiéndolo ahora, en este momento, como si ya fuera verdad.

Supón que quieres ser un hombre exitoso. No esperes hasta que las circunstancias externas confirmen el éxito. Asume el éxito ahora. ¿Cómo hablaría internamente un hombre exitoso? ¿Qué sentiría al levantarse por la mañana? ¿Cómo respondería a las noticias del mundo, a los comentarios de sus amigos, a los reveses temporales?

Comienza a hablar así internamente. Comienza a sentirte así. Comienza a reaccionar desde ese estado.

Y mientras lo hagas con consistencia, el mundo exterior debe reorganizarse para reflejar ese estado. Esto no es magia; es ley.

Estamos hablando del principio más fundamental de la existencia: la conciencia es la única realidad, y lo que la conciencia asume como verdad se convierte en la experiencia de la persona que la habita.

Ahora, existe una diferencia entre conocer esto intelectualmente y aplicarlo en la práctica. Muchos hombres conocen esta enseñanza. Muchos pueden repetirla de memoria. Y sin embargo, su vida no cambia.

¿Por qué?

Porque saben la enseñanza con la mente, pero no la han asumido con el sentimiento. Y es el sentimiento, no el pensamiento intelectual, lo que imprime la realidad en el subconsciente y lo pone en movimiento.

Pablo nos dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.” Esta transformación no es intelectual; es una transformación del sentimiento. Es pasar del sentimiento de carencia al sentimiento de abundancia, del sentimiento de debilidad al sentimiento de fuerza, del sentimiento de ser rechazado al sentimiento de ser amado.

Ahora bien, puede surgir la pregunta: ¿puede cualquier hombre alcanzar cualquier destino? ¿No hay limitaciones dadas por el nacimiento, la clase social, la raza, el pasado?

En el mundo de César — el mundo de las circunstancias externas — existen estas limitaciones aparentes. Pero en el mundo de la conciencia, no hay ninguna.

El hombre que yo conozco más profundamente en esta materia pasó de no tener ni siquiera ropa para cambiarse a tener todo lo que deseaba, usando exactamente este principio. Abdullah me enseñó esto. Me enseñó a ignorar completamente las circunstancias externas y a vivir exclusivamente en el estado asumido hasta que ese estado se solidificara en hecho.

La clave está en la palabra “vivir.” No visitar el estado asumido de vez en cuando. No imaginarlo un momento y luego volver al estado de carencia el resto del día. Vivir en él. Hablar desde él. Sentir desde él. Reaccionar desde él.

Un cambio de sentimiento es un cambio de destino.

Ahora bien, cuando hablo de destino no me refiero solo a los bienes materiales, aunque la ley aplica perfectamente allí también. Me refiero a todo lo que el hombre puede experimentar: salud, amor, paz, comprensión, expresión creativa, el alcanzar y cumplir la más alta visión de uno mismo.

Tu destino está contenido dentro de tu conciencia ahora mismo, en este momento. El hombre que quieres ser ya existe como un estado. La vida que quieres vivir ya existe como un estado. No tienes que construirlo desde cero; tienes que asumir el estado que lo contiene, y ese estado lo exteriorizará para ti.

Es como si ya hubiera sido construido, y tú simplemente necesitas entrar en él. La creación ya está terminada. El estado del deseo cumplido ya existe. Lo que tú haces al asumir ese estado es entrar en él y habitarlo, y habitándolo, lo traes a la experiencia.

Nunca dudes de esto: sin que importe dónde te encuentres ahora, sin que importe cuán lejos parezca estar lo que deseas, la conciencia es el único creador, y tú eres conciencia. Por lo tanto, tú eres el creador de tu destino.

Este muy día comienza una nueva vida. Aborda cada experiencia con un nuevo estado de mente, con un nuevo estado de conciencia. Asume lo más noble y lo mejor para ti mismo en todos los aspectos y permanece en ese estado. Finge ser el que quieres ser hasta que esa ficción se convierta en el hecho más sólido de tu vida.

Nada de lo que ha ocurrido en tu pasado tiene poder sobre tu futuro, a menos que lo lleves contigo en el presente como un estado de conciencia. El momento en que asumes un nuevo estado y permaneces en él, el pasado pierde todo su poder de influir en tu futuro.

Porque el futuro no es una extensión del pasado. El futuro es una extensión del estado presente de conciencia.

Ese es el secreto de tu destino.

Neville Goddard, 3 de julio de 1952